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Un soldado apellidado miedo

¡¡Hola artefiliáticos!!, hoy quiero hacer una entrada algo diferente, con alguna similitud que el resto pero con una connotación distinta bastante sencilla y simple. Quería compartir con vosotros que esta noche he tenido un sueño que me ha dado mucho que pensar… 
He soñado que todo un ejército venía a atacarme, iban bien armados, en una correcta formación, se les veía de lejos que se acercaban seguros, con una estrategia clara bajo el brazo, en su posesión tenían una gran multitud y variedad de armas, pequeñas, grandes, tierra, aire… 
Yo quería defenderme, quería atacar, la voluntad la tenía, no me importaba enfrentarme a todo el ejército que acudía hacia a mí, soy fuerte y nadie iba a venir a «achantarme», pero no sabía como, eso es lo que más me ha sorprendido, quería enfrentarme a algo que yo consideraba grande y que así a priori iba a poder conmigo, más vale morir de pie que arrodillado, prefiero morir por valiente que vivir por cobarde, pero no sabía, no tenía estrategia, no tenía técnica, no tenía recursos, en este caso armas, no sabía que hacer…. me bloqueé en el sueño, a la espera del ataque a pesar de que quisiera enfrentarme a todos ellos….

Fue entonces cuando aprendí y recapacité en que dicho ejército que quería atacarme de mil maneras y con una estrategia clara, reflejaba el simbolismo de mis miedos, quiero enfrentarme a pesar de que me duela el combate, pero no sé como hacerlo.
En mi caso y quizá en alguno de vosotros que esté pasando por una situación complicada, sentimos que estamos en una guerra constante, luchando contra alguien, contra una situación que nos daña, contra un miedo o quizá la típica guerra entre «corazón y cabeza», que la mayoría sabemos a que nos podemos referir. Sabemos que en una situación de guerra no hay vencedores o perdedores de manera absoluta, todos perdemos algo, todos padecemos, todos sufrimos, en mayor o menor medida pero eso es lo que nos ocurre….
Si que es cierto que cuando la guerra pasa, nos sentimos relajados, pero jamás como antes de la guerra, tenemos heridas, tenemos secuelas, habrá pasado la guerra sí, pero ahora nos enfrentamos a la más complicada de todas, la que el enemigo y el aliado es el mismo, nosotros mismos.
Siempre pensamos que el miedo viene a dañarnos, a atacarnos, nos sentimos en su punto de mira, en la línea de fuego y lo peor de todo que no sabemos donde escondernos, porque siempre nos encuentra, vive con nosotros, queremos combatir, pero a veces no sabemos donde se encuentra, no sabemos cuando va a salir, cuando nos va a atacar o a dar un aviso de que está cerca, que ojo, quizá el aviso no sea malo… quizá nos avisa para que cambiemos de dirección, porque al otro lado nos espera algo peor…
Con los miedos nos sentimos desbordados, atacados por todos lados, desde todos los ángulos, y de mil maneras, siempre imaginando y pensando que estos golpes, disparos van a ser realmente dolorosos, tanto que no sabemos si vamos a salir del combate, no sabemos si nos vamos a quedar ahí, solos, en soledad, mientras todo lo demás adquiere la misma tendencia que nosotros mismos, siempre tememos que el miedo nos pueda, porque lo interpretamos como un cruel combatiente enemigo
Lo peor de los miedos, es que nos bloquean de tal manera que aunque queramos «vigilar» y estar en «alerta», sabemos con certeza que aunque estemos en guardia y logremos identificar al enemigo, es decir el miedo, no sabemos que va a pasar, como debemos actuar, quizá sólo mirar, observar, aprender de los movimientos de éste, de su táctica, técnica, hacia donde va, de donde viene, para lograr datos relevantes que en otro encuentro nos permitan empezar y comenzar a realizar alguna estrategia que nos otorgue la posibilidad de avanzar, aunque sea mínima, pero será bienvenida.
Las guerras, las batallas, los combates contra los miedos siempre suelen venir acompañados de cansancio, agotamiento, de sensaciones mínimas de fuerza y valentía, que aunque queramos seguir luchando, enfrentarnos al enemigo, no podemos…. nos bloqueamos, necesitamos parar, descansar, y suplicar que en estos momentos no aparezca el enemigo, porque sabemos con certeza que poco podemos hacer y probablemente salgamos bastante afectados de esta batalla.
Que curioso, lo mismo que me ha pasado en mi sueño….
Siempre en las batallas que consideramos importantes nos afectan de una manera distinta, más dolora, más invasora en nuestras emociones, tanto que a veces empezamos a sentir sensaciones propias de la rendición, del abandono, pero a veces esas mismas sensaciones de abandono nos impulsen el día de mañana a combatir en la próxima batalla con mayor fuerza, inteligencia y voluntad, porque hemos cambiado la interpretación de dichos hechos de motivo de rendición a motivo de venganza.
Algunos de nosotros en este tipo de batallas sufrimos de manera desmesurada, padecemos, lloramos, nos sentimos realmente perdidos y rendidos, no podemos más, el miedo, el ejército nos puede, la guerra nos come, nos abruma, nos vence…. 
Quizá el problema, el error está en interpretar dicho ejército que nos viene de frente como un grupo, un equipo que viene a atacarnos, quizá no sea así…
…. quizá no sea así, debemos recordar siempre que son interpretaciones subjetivas, vemos el hecho y lo interpretamos como algo que nos va a atacar, quizá porque debido a nuestras experiencias previas siempre que hemos visto que un ejército, nuestra guerra se acerca, es para atacarnos y hacernos daño, pero quizá esta vez sólo venía a acogernos, a darnos la mano, a decirnos, estamos aquí para servirte, para defenderte, para protegerte
A veces los miedos nos dañan, pero otras aparecen para enseñarnos experiencias, facetas de la vida, perspectivas distintas ante éste, otras aparecen de tal manera para darnos un mensaje en cubierto de decir: «Sé que te hago daño, y quiero dejar de hacerlo, por eso aparezco, quiero irme, no quiero seguir luchando, no quiero seguir en guerra contigo, por eso aparezco para que me quites de tu vida ya, necesito que hagas algo, yo estoy en base  las ordenes de tus emociones, ellas me piden que te ataque o por lo menos así lo interpretas, no quiero hacerlo, debo hacerlo porque son ordenes, pero te pido de manera en cubierta que pares esta guerra entre nosotros, necesito que tú hagas algo porque yo no puedo, estoy sujeto a ordenes y debo cumplirlas»
Es díficil, pero el miedo a veces, no es nuestro enemigo, es un aliado que al inicio nos ataca porque está sujeto a ordenes, pero en el fondo nos alienta, nos da recursos, opciones, alternativas de combate, nos enseña, nos hace más expertos en esto, pero debemos aprender a escucharle, no juzgarle, no rechazarle, no atacarle, dejar que entre, abrazarle, y decirle el por qué aparece, que nos quiere decir, que lo haga, lo haremos y será entonces cuando éste se vaya, cuando la guerra acabe

Cuando empecemos a escuchar a nuestro miedo, veremos que éste es igual de inocente que un niño, él también se equivoca, nos ha atacado pensando que íbamos en contra de él y quizá era cierto, él también sufre por la guerra, también siente dolor, al fin y al cabo nos atacamos, él y nosotros, nosotros y él, de tal manera y con tal intensidad que las dos partes sufrimos, por ello nos pedimos de manera en cubierta, con símbolos, con sueños que eso cambie, porque terminaremos muriendo los dos al final de la guerra

Hasta luego avión del miedo

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