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Esperanza y Ave Fénix

¡¡¡Hola artefiliáticos!!!

¿Cuántos de nosotros ha deseado ir por el camino de la esperanza?, ¿cuántos de nosotros hemos ido tras ella?, muchos ¿verdad?, que curioso, algo que no vemos, que no es palpable ni maleable, es buscado por una gran proporción de nosotros, por no decir todos, entonces así de primeras, ¿cómo encontramos algo que no se ve?, la esperanza en sí no tiene materia, no se ve en el mundo material, pero aún así cada uno de nosotros sabemos a que nos referimos, cada uno tiene su idea de esperanza, la situación que está impregnada de dicho elemento tan deseado en muchos aspectos de nuestras vidas, para mi es la sensación de fuerza, valentía, amor, pasión, afecto por conseguir algo, con una cierta connotación de seguridad de gran certeza que aquello que uno desea, en este caso yo, voy a conseguir, para mi es un estado de paz conmigo misma, mis sentidos actúan en armonía, mis emociones se mantienen en una estabilidad que aunque fluctúen, estoy relajada y tranquila porque aunque sufra y padezca, tendré aquello que tanto deseo….
Por ello artefiliáticos,  yo llego a la conclusión de que no existe un camino hacia la villa de la esperanza, si no la esperanza la tenemos cada uno de nosotros, la llave que abre esa puerta está en nosotros, porque mi idea de esperanza quizá es muy distinta a la tuya artefiliático o quizá compartimos algunos elementos.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, o al menos eso creo, puede ser cierta esta afirmación artefiliáticos, pero yo añadiría una connotación, la esperanza no se pierde porque está bajo llave, lo que si debemos hacer es buscar la llave que quizá en algunos momentos de nuestra vida se ha podido extraviar en algún lugar de este mundo material.
Algunos de nosotros metaforizamos la esperanza como un rayo de luz que aparece cuando lo necesitamos, también puede ser una opción de representación, todo es válido siempre y cuando te aporte algún aspecto positivo en tu vida artefiliático. Quizá para algunos de nosotros, preferimos esta opción porque a mi parecer la luz reflejada por el sol en algunas ocasiones nos aporta cierta calor en nuestra piel que necesitamos en ciertas ocasiones o períodos de nuestra vida para recordarnos que seguimos vivos, que estamos en nuestra tierra por alguna razón, por nuestra meta en definitiva, por algo que queremos conseguir y luchamos por aquello.
La esperanza nos recuerda que ahí sigue, que está con nosotros, jamás nos abandona, pero debemos dejarla salir, nos pide que le abramos la puerta para cogernos de la mano de ese largo camino y/o viaje que es la vida hacia nuestra meta existencial, ¿pensáis que alguno de nosotros en contadas ocasiones somos los causantes, los culpables de que la puerta no se consiga abrir? ¿de qué hayamos extraviado nosotros mismos las llaves que abre esa valiosa puerta?, yo diría que sí.
En muchas ocasiones de nuestras vidas hemos deseado «volar», en el sentido más metafórico, ser libres de nuestras preocupaciones, ir más rápido por nuestro camino, fluir en la vida y que el aire acaricie nuestras alas para sentirnos en paz con nosotros mismos. Hemos deseado que nuestros miedos también volasen y se fuesen lejos, que quizá esas sean las razones por las que no encontramos la llave que abre la puerta, no sabemos o quizá sí y no nos queremos dar cuenta, que esa es la verdadera razón por la que dejamos de soñar con el vuelo, por la que quizá nuestro niño interior se vuelve un adulto aburrido que sólo tiene responsabilidades y no tiene ganas de jugar.
Probablemente, siempre, nuestro entorno o nosotros mismos nos hemos dicho varias veces que retomemos el vuelo, pero es imposible lograrlo cuando nuestras alas pesan, cuando tienen un gran equipaje de cosas que hemos ido guardando de nuestras experiencias, nuestra mente nos pide que volemos, pero nuestras alas cargadas de miedo se quedan inmóviles, deseando que la puerta de la esperanza se abra por si sola, cuando debemos ir a buscarla por los cielos bailando con los rayos de sol.

 A veces, no necesariamente la esperanza se encuentra en el cielo, si no desde bajo tierra, desde aquí intentamos salir a la superficie, pero nos encontramos con un tablón de madera que nos dificulta asomarnos, el miedo nos lo provoca, nos impide asomarnos a nuestros sueños, a ser libres, a dar los pasos que necesitamos para seguir hacia adelante con los proyectos que están empezando a iniciar: un proyecto de trabajo, una pareja, una casa, un título… son pequeñas metas que algunos de nosotros compartimos, que deseamos conseguir, disfrutar y vivir, pero nos llenamos de miedos, que a pesar de desearlo y encaminarnos hacia ello, nuestro miedo a veces nos ralentiza, que siempre y cuando lleguemos a tiempo no tiene porque ser problemático, el problema es cuando nos paraliza o nos lleva de nuevo al punto de partida, creo que no hay nada más frustrante que conseguir asomar después de tanto esfuerzo y dolor y después volver a meter la cabeza bajo tierra como las avestruces….
Es difícil para algunos mantenernos asomados, nos sentimos expuestos, y si volvemos atrás es porque realmente o al menos eso creo, no estábamos preparados para asomar, a veces queremos crecer, cambiar o evolucionar demasiado deprisa, cargándonos todavía más de frustración y miedo en nuestras alas, mi consejo desde esta reflexión es que cada paso que realices en tu vida, estate seguro que es aquel que quieres realizar, tampoco lo pienses demasiado por si es demasiado tarde cuando te decidas, pero cuida de ti y de tus alas. 

A veces, algunos de nosotros interpretamos la vida como un desierto, un lugar que nos ahoga, que vemos siempre igual, estable, un lugar que nos provoca sed, un lugar que por la noche sentimos bajas temperaturas y soledad, un lugar que sin previo aviso te ataca y te produce mal estar y miedos de que aquello vuelva a ocurrir, a veces te rindes y te tiras al suelo, otras das dos simples pasos y parece que hayas corrido 42km, todo porque vas acumulando cansancio, experiencias negativas de tu vida personal, experiencias que cada vez ralentizan más tu paso hacia adelante, necesitas descanso, necesitas sombra, beber, respirar, protección, en fin, esperanza para seguir hacia adelante.
El desierto es inmenso, la vida también lo es, dicen que son dos días y quizá así sea, pero sabemos que es profunda y todos los días aprendes alguna cosa, y hay días que del mismo modo que te viene un ataque sin esperarlo, cuando subes aquella gran montaña de arena que tanto has deseado rendirte y dar la vuelta, aparece un oasis, que esperemos que no sea un espejismo… pero te devuelve la vida, te alienta, te ofrece recursos para sobrevivir, te asientas, te quitas peso de tu pasado y más adelante, sigues tu camino hacia tu meta, con cierta dosis de esperanza.

También, muchos de nosotros, tendemos a disfrazarnos de esperanza, a cubrir nuestro cuerpo de pintura, hojas, armadura etc, cada material quizá con un fin distinto, no queremos mostrar a la sociedad nuestros problemas, nuestras preocupaciones y tampoco nuestros miedos, a veces pensamos que eso de la esperanza es una simple moda que algunos lo muestran como si de algo valioso se tratase cuando en realidad no llegan a disfrutarlo, también artefiliáticos se disfrazan, a veces disfrazarse como ya os he dicho anteriormente nos provoque llegar tarde a la villa de la esperanza para conseguir nuestra meta, pero otras a veces nos brinda descanso, apoyo, seguridad y protección para retomar nuestro viaje más adelante, a veces la espera es necesaria, el silencio y el descanso para retomar el vuelo con más fuerza posteriormente.
A veces nos disfrazamos para conseguir sumergirnos en nuestro mundo, en nuestro planeta, en nuestro ser más interno y más niño para cuidarnos, querernos y protegernos, no es por egoísmo, aburrimiento o falta de coraje o valentía, en la mayoría de las ocasiones es por necesidad, muchos de nosotros tocamos fondo por caminar muchos kilómetros sin agua ni gorra por el desierto, haber pasado varios ataques en este, haber visto oasis pero sin acercarnos porque creíamos que eran simples espejismos, pensábamos que podían ser algo bueno que nos alentase, pero debido a experiencias previas de espejismos y la sensación de fracaso, ya ni siquiera nos aproximábamos para evitar dichas posibles sensaciones aunque el oasis que se nos muestra en la vida sea cierto de verdad. 

A pesar de todo aquello, un día sin saber quizá la razón real y contrastable, nos decidimos a retomar el vuelo, no como lo hacíamos previamente al desierto, si no de manera más fortalecida, quizá porque nos toca o nos lo merecemos por alguna razón, o al menos eso pensamos, a veces, creemos que no avanzamos pero si lo estamos haciendo, tan lento y despacio que no nos damos cuenta, pero cuando llega el día que resurgimos de nuestras cenizas, nos daremos cuenta que aunque hayamos ido a velocidad mínima y reducida, ha valido la pena porque hemos llegado a tiempo, hemos ido buscando nuestra llave de la esperanza aunque hayamos dado pocos pasos o muy cortos durante los días del proceso de búsqueda.
Recuerda artefiliático que el ir despacio a veces no es malo, siempre y cuando te dirijas hacia aquello que realmente quieras dirigirte, yo estoy como tú, en el mismo punto, pero sé que detrás de esa gran montaña de arena nos espera algo realmente valioso, porque hemos ido buscándolo a pesar de las grandes sensaciones de rendición, confía en las llaves, en tus alas y sigue hacia adelante aunque sea despacio, no es malo.
Hasta luego avión del miedo
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